La alta costura pierde 'glamour' 

25 agosto 2010

Revista Capital. La sombra de la quiebra se cierne de nuevo sobre uno de los sectores más exclusivos del planeta. Después de 40 años de rumores nunca cristalizados, ¿será ésta la crisis definitiva? No lo parece.

 

A Arnaud Maillard le cerraron todas las puertas de París cuando, después de trabajar durante quince años codo con codo con el gran maestro de Chanel, el impetuoso Karl Lagerfeld, éste le despidió con cajas destempladas. Menos mal que los tentáculos del genio de la alta costura no llegaron a España. Así que, gracias a ello y justo hace un año, Maillard lanzó Alvarno, su proyecto personal de “lujo postcrisis” junto a su socio Álvaro Castejón. La vuelta a una mayor austeridad y el recorte en los gastos de guardarropía tampoco le impidió inaugurar en Madrid Le Faubourg, la primera tienda de modelos de alta costura vintage que existe en España. Entre sus piezas, además de chaquetas de Chanel de 1.200 o 3.500 euros, destaca un bolso de cocodrilo de Hermès que ronda los 15.000 euros, no apto para cualquier mano. “Tengo un abrigo de Chanel, un vestido de Alexander McQueen para Givenchy, otro de Valentino, y un vestido de Dior de los años 50, que ni siquiera tiene precio, dependerá de la clienta interesada”, admite.

 
 
Un ingente presupuesto –los modelos actuales de alta costura fácilmente parten de los 40.000 euros hasta los 100.000 euros–, que cada vez borra del mapa a más clientas europeas y americanas. Porque si hace 20 años se calcula que más de 2.000 mujeres vestían estos diseños exclusivos, hoy puede que las más elegantes no sean más de 400 y, eso, sólo gracias a los nuevos mercados emergentes, como los países del Golfo. Sin embargo, todavía, en muchos países y sectores de la población, los modelos más exclusivos del planeta siguen en boga. Eso sí, con algunas limitaciones propias de la crisis actual. “Ahora lo habitual es combinar los vaqueros de Zara con un bolso de Chanel o un reloj Cartier”, confiesa Maillard. Un pecado que, por ejemplo, jamás cometerá Eloísa Bercero, la mayor coleccionista de alta costura de España. ¿Vaqueros? No se acuerda ni de haberlos llevado.
 
 
Y es que, a pesar de la disminución de compradoras y de quiebras como la de Lacroix el año pasado, la alta costura sigue siendo una de las embajadoras de Francia o de Italia y la carta de presentación de las grandes casas de la moda (Chanel, Dior, Yves Saint-Laurent, Givenchy, Paco Rabanne…), un espectáculo, un laboratorio de ideas plasmadas en la realidad y, según los ejecutivos de las grandes casas, un impulso para la venta de cosméticos, complementos y línea de prêt à porter. En definitiva, una plataforma de lanzamiento muy cara, pero útil para el día a día del negocio.
 
 
Por eso nadie quiere dejar morir a esta delicatessen de la moda. Hay varios ejemplos. Como el de los famosos ateliers artesanos de la alta costura, que abocados al cierre por las cuantiosas pérdidas que provoca la alta costura –un modelo puede requerir más de 500 horas de trabajo artesanal–, han sido comprados por las grandes firmas, asegurando así su supervivencia. Es la iniciativa Chanel Paraffection, por la que, la maison de Coco, comenzó a adquirir desde 2002 siete de los más importantes talleres de París. Desde la casa de las plumas y las famosas camelias de Chanel, Maison Lemarié, ubicada en pleno centro de París, hasta la Maison Lesage para los bordados; Michel para los sombreros o Gossens para los trabajos de orfebrería.
 
 
Todo el reportaje, en el pdf.

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