Hoy he comido con tres buenas amigas: dos directoras de comunicación de dos multinacionales radicadas en Madrid y otra periodista que dirige su propia agencia. Ha sido complicado cuadrar agendas, pero lo hemos logrado, y ha sido un encuentro de lo más productivo.
De nuevo, ha salido el tema de los absurdos horarios españoles, que imposibilitan ya no sólo a las mujeres, sino a cualquier trabajador, tener un tiempo libre imprescindible para hacer algo que no sea trabajar. Porque no creo que sean sólo las mujeres con hijos las que tengan que conciliar, sino que lo tienen que hacer también los hombres y, por supuesto, cualquier persona sin hijos o mayores a su cargo. Me da igual lo que quieran hacer con su tiempo libre: sillón-ball, parapente o tiro con arco. Como si se echan una buena siesta: lo que no se puede aguantar son los interminables horarios españoles.
A nosotras, y en e
sto hemos coincidido las cuatro, no nos gusta perder el tiempo en el trabajo, no nos gusta montar comidas interminables (que conste que no nos hemos pasado de hora), no nos gusta quedarnos todos los días a tomarnos una caña al salir de la redacción... Tenemos miles de cosas importantísimas que hacer, pero no siempre las empresas nos dejan. De ahí que las periodistas con hijos que conozco, o bien pidan reducciones de jornadas (es muy habitual en un diario) o bien cambien de trabajo. O bien las despidan, claro... Muy pocas que no siguen las reglas establecidas siguen en las redacciones cuando superan los 30. Y eso que hoy hay email, miniportátiles, wifi, adsl, skype, twitter, iPhone, Blackberry.... ¡De todo! Podemos trabajar desde casa en momentos puntuales, no hay problema. Y en el mundo de la comunicación, a pesar de estar poblado por mujeres, muy pocas llegan arriba ¿por qué?
Pensando, pensando mientras escribo este post, voy y veo que existe AMECO, la Asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación , ya les he mandado un mail pidiendo info. Y también The Association for Women in Communications de Nueva York. Andá, ¡si tiene 100 años de historia! Pues va a ser que éste no es un tema puntual. Esperemos que dentro de otros 100 años este tipo de asociaciones ya no tengan razón de ser.