Pilar Pérez Ramírez · 03 de September de 2009


Me dijeron que el periodismo de papel había muerto. No me lo creí. Me dijeron que sólo había futuro en la red. Tampoco me lo creí. Ahora no sé en qué creer… Al menos, espero descubrirlo con esta web.
Parece mentira, pero a pesar de los vaivenes de la profesión, sigo ilusionada. Pero ya no es igual que antes. ¿Se me rompió el amor de tanto usarlo? Quizás no, quizás sólo se trate de que el romanticismo del principio de mi carrera se ha topado con la dura realidad. Cuando empecé en este oficio, casi todos los que acudíamos a las ruedas de prensa prácticamente compartíamos edad y…sueldo. Yo era una privilegiada ¡100.000 pesetas (sí, sí, 600 euros) de 1997! Lo mismo que ganan alguno de mis compañeros hoy en día (patético: una cifra que roza el salario mínimo interprofesional, que hoy en España se sitúa en 728 euros en 14 pagas). Vamos, para mantener a una familia numerosa. Era, pues, un dineral para una periodista recién aterrizada que encima nunca había sido becaria (era un bicho raro entonces). ¿Un golpe de suerte? Es posible.
Lo dicho. Al principio, casi todos los que acudían a las ruedas de prensa eran de mi edad. Estupendo, demos oportunidades a la savia joven. El problema es que últimamente, a mis “jóvenes” 35 años, yo y algún otro espontáneo parecíamos los abuelos cebolleta. Sólo me faltaba contar mis historias con el famoso tipómetro de la facultad. Porque, ¿qué ocurre con los periodistas decanos? (Ya se lo imaginarán: cada vez escasean más en las redacciones, agobiados por horarios interminables, sueldos exiguos y, encima, tentados por unas suculentas ofertas que hacen que se pasen “al lado oscuro”, tal y como llama a los departamentos de comunicación un amigo y compañero de fatigas profesionales (desdeladoscuro.com). Hoy, ni siquiera eso. ¿Periodista caro? Periodista en paro. Bueno, al menos tenemos algo en común con los del New York Times.
Venga, va, ¿algún comentario a éste mi primer post?